4 prácticas sencillas de mindfulness para mejorar tu día a día

¿Te habías planteado alguna vez que integrar actividades de atención plena en tu vida es más fácil de lo que crees? En la vorágine de la sociedad actual, nuestra mente divaga de un pensamiento a otro, de una tarea a otra sin parar. Esto no nos deja tiempo para la calma, la paz mental y puede llevarnos al estrés.

Es cierto que la muchos de nosotros no tenemos tiempo para hacer sesiones de meditación de veinte o treinta minutos. Pero, lo cierto es que no se necesita tanto.

La tendencia a la multitarea, con tan buena prensa en la actualidad, nos aleja totalmente de la atención plena al presente. Lo que hay que hacer es centrarte por completo en cualquier tarea que estés haciendo en un determinado momento. Solo en esa tarea. Si estás comiendo, comes, no hay que mirar el móvil, si estás paseando por el parque, paseas no escuches la radio a la vez, etc. ¿Está mal simultanear actividades?, no, pero nos dispersa y aleja del momento presente. Por lo tanto, esta es un consejo transversal a todas las demás prácticas, “centrarte en el presente, con apertura y con curiosidad. Importante, tratando de no juzgar”.

Y ahora vamos a estas prácticas, muy fáciles, de Atención Plena que pueden ayudarte a reducir el ritmo, estar más presente y ser más consciente de ti y del entorno.

1. Despierta de forma consciente

Cuando te despiertes por la mañana, antes de consultar tu móvil, siéntate en la cama o en una silla. Cierra los ojos y contacta con las sensaciones de tu cuerpo: siente el pijama sobre tu piel, tus pies descalzos sobre la alfombra, tu respiración…

Haz varias respiraciones profundas y luego deja que tu respiración vaya regulándose a su propio ritmo. Nota como tu pecho sube y baja mientras respiras. Pasados unos momentos puedes hacerte alguna de las siguientes preguntas: ¿Qué es lo que quiero del día de hoy? ¿Cómo cuidarme mejor? ¿Cuál es mi intención para el día de hoy? Sin presiones, simplemente establece tu intención, por ejemplo, puede ser comer sano, hablar con un amigo o amiga que hace tiempo que no veo, andar tranquilo por la ciudad…

Una vez hecho esto, inicia tu día teniendo presente esa intención. Puedes, y viene bien, que a lo largo de día hagas alguna pausa para chequear tu intención hasta que la realices.

2. Siéntate con consciencia

Es una meditación básica que puedes practicar en muchas situaciones, como, mientras esperas a tu cita, estás en el transporte público, en un descanso del trabajo. Es fácil de aplicar y solo te llevará un minuto.

Puedes sentarte en una silla con postura recta, pero sin rigidez. Es importante que ambos pies se apoyen en el suelo, no cruces las piernas. Coloca las manos de una manera que te resulte cómoda. Cierra los ojos y empieza a concentrarte en tu respiración, en cada inhalación y exhalación. Si te das cuenta de que te has distraído, no te enfades, felicítate por haberte dado cuenta de que te has distraído y continua amablemente con las respiraciones. Después de un minuto, abre los ojos poco a poco y reanuda tus quehaceres.

3. Alimentación consciente o mindfuleating

¿Alguna vez te ha pasado que te has comido todo lo que había en tu plato sin apenas ser consciente de ello? Prueba a comer de forma más consciente y verás cómo el momento de la comida puede ser aún más placentero.

Antes de empezar a comer, tomate unos instantes para respirar. Después de las respiraciones, lleva la atención a las sensaciones físicas de tu cuerpo, especialmente a la zona del estómago. Pregúntate: ¿Cuánta hambre tengo?. Escucha a tu cuerpo, no a tus pensamientos. Esta puede ser una tarea difícil, ya que, solemos prestar más atención a lo que pensamos que a lo que sentimos. Ahora que eres más consciente de tu sensación de hambre, puedes elegir de manera más consciente qué comer, cuándo y cuánto.

Por último, trata de comer en calma y con tranquilidad. Disminuye la velocidad a la que comes y mantén la respiración consciente.

4. Meditación caminando

Es una forma de meditación que se práctica mientras se camina. Puedes hacer este ejercicio en casi cualquier lugar; por ejemplo, cuando vas al trabajo andando, das un paseo con tu perro o sólo por el parque.

Lo importante es ser plenamente consciente de nuestra forma de andar, como nuestro pie se levanta del suelo, las rugosidades de la acera, como nuestra ropa roza nuestra piel al andar… Estar conectados a nuestra respiración también nos ayuda.

Puedes ampliar la información y realizar un pequeño ejercicio en el episodio 38 de mi podcast “Atención plena vida sana”.

Muchas gracias.

Lidia A.

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